lunes, 9 de junio de 2008

Simbolismo religioso en el choque de la cultura indìgena e ibèrica

La llegada de los españoles a suelo americano, supuso el encuentro de dos culturas y por ende el choque de dos formas diferentes de ver el mundo, de entender los fenómenos de éste y de explicarlos. Así, mientras los españoles profesaban el cristianismo y específicamente, el catolicismo como una expresión cristiana, los aborígenes tenían una forma una religión politeísta, donde animales y cosas inanimadas encarnaban las divinidades supremas, tal es el caso del jaguar y la serpiente.
Este choque, supuso una guerra entre las culturas americana y europea. Los españoles con más fuerza que los nativos terminaron imponiéndose. Utilizaron la religión como una forma de dominio; es decir, de conquista.
Toda manifestación ajena al cristianismo era herejía y era producto del demonio, afirmaban los frailes que venían con los conquistadores. Teniendo este pensamiento, incendiaron muchos documentos y manifestaciones culturales y religiosas de los indígenas. El Popol Vuh, libro sagrado de los Quiché fue quemado y luego escrito por un fraile que leyó el contenido del texto y se percató que era un documento muy importante. Esta suerte no la corrieron muchos, muchísimos documentos que tuvieron que extinguirse en el fragor de una hoguera.
Así tendrá lógica la existencia de una virgen morena en México y de un cristo negro en Guatemala. Al no poder imponer su religión por ser blancos, buscaron imágenes del color de los nativos para que estos las aceptaran y se convirtieran al cristianismo. Así surgió la leyenda de Juan Diego y de la virgen del Tepeyac.
Además, se dio un sincretismo cultural. Los españoles mezclaron los símbolos cristianos con las tradiciones y festividades autóctonas con el fin de imponer el cristianismo. Así nace la celebración del día de la cruz; fiesta que los aborígenes celebraban con llegada del invierno y con éste, la llegada de la estación productiva. Ofrecían los frutos de la temporada con la esperanza que la cosecha fuera fructífera. Al llegar los españoles se agrega la cruz al ritual que los indígenas realizaban al inicio del mes de mayo.
Otro ejemplo de la imposición religiosa, se encuentra en la celebración de las fiestas patronales de los pueblos. Estas fiestas están ofrecidas a santos cristianos. No encontramos allí a ningún santo indígena o divinidad aborigen. Además, las danzas y bailes tienen origen ibérico; en estas se recuerda el dominio árabe de España y la reconquista por parte de los cristianos de los territorios ocupados por los moros. Ejemplo de ello, son las danzas de moros y cristianos, los cumpas de Jayaque y Cuisnauat, entre otras.
En síntesis, los españoles castraron religiosamente todas las manifestaciones que las tribus indígenas tenían. Impusieron a su Dios, su religión y se encargaron de sembrar la fe cristiana por voluntad propia o a la fuerza. Sin embargo, muchas manifestaciones religiosas indígenas, sobreviven hasta nuestro tiempo y se niegan a morir.

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