jueves, 20 de noviembre de 2008

Tarde en Manhattan: Karla Coreas

Manhattan es un centro urbano de contrastes. Las personas van de un lado a otro. Los trenes, los buses y los automóviles no se detienen. Los edificios se elevan en señal de orgullo. Karla Coreas se ubica allí para darle vida a un hermoso libro de amor. Digo hermoso porque los sentimientos que la poeta expone en el texto al cual me estoy refiriendo son auténticos y al mismo tiempo, permiten al lector enfrentarse con esa realidad que es la vida misma.


Estructuralmente, Tarde en Manhattan es un libro de poemas dividido en cuatro partes: Primavera en el parque central, Verano en el West Side, Otoño deshojado de lágrimas e Invierno ardiente en el tren. Son las estaciones las que sirven a la poeta a ubicarse temporalmente dentro de este universo que es la poesía. Inicia con la primavera con el fervor de quien exalta su alegría porque tiene el amor del ser amado o porque lo tenderá en el futuro cercano: cuando termine la ausencia; el otoño viene a ser la reafirmación de lo que antes expresó: contigo podría conquistar el mundo/ pero estas historias ya pasaron de moda; el otoño trae consigo las lágrimas que hay que dejar que broten porque a veces las cosas no son como deseamos: estos dedos escriben palabras necias / con lamisca urgencia que apagaron tu sed y finalmente, el invierno trae el frío del recuerdo y de las despedidas: la noche parece estar triste/ no estás, me sonríes, me hablas.

El libro como dije antes, tiene como tema principal el amor en sus diversas manifestaciones: amor y desamor. Se trata del amor de pareja, entre un hombre y una mujer. Sin embargo, éste no puede vivirse a plenitud porque hay situaciones que así lo impiden. La poeta de desnuda ante la ausencia del ser amado cuando con fuerza exclama:

Cuando termine la ausencia/ cuando cese la angustia / cuan por fin regreses/ cuando tenga la dicha de hacerte mío/cuando tu ausencia sea solo física/ cuando por fin me necesites

cuando las flores no marchiten en mi sala

cuando los pájaros bailen risueños

y en la alfombra queden manchas de amor

te dejaré de soñar

como una lágrima

Observemos que Karla está suponiendo lo que sucedería si ese ser amado pudiera estar con ella. La poeta deja que su imaginación vuele y se ubica en su propia primavera. Este canto se extiende por todo el libro:

Solo vos inventás mi historia

solo vos ponés música en el palacio de mis poros

solo vos sacudís mis frutas maduras

solo vos ponés sándalo y mirra en la escalera oscura

por donde suben nuestros cuerpos

Así la poeta reafirma su amor ante ese ser y su paraíso cuando puede estar con él.

No estamos ante ninguna aficionada. Eso es claro al leer el texto. La poeta conoce su oficio y sus textos así lo demuestran. El lenguaje y las imágenes están bien administradas al servicio del poema. La poeta de adueña de las palabras para irlas utilizando como le place y para construir las figuras que le sirven para comunicar lo que ella desea.

Si lugar a dudas esta Tarde en Manhattan le sirvió a Karla para poder desoxisarde de sus demonios. Entro en el círculo de las estaciones y empezó a fraguar ese viaje que tejió con maestría. Las pasiones, las partes de su cuerpo y el jadeo de ese ir y venir, de esa incertidumbre entre lo que fue, lo que es y lo que podría ser le dan sentido y lógica a este libro.