jueves, 22 de enero de 2009

Osvaldo Hernández

Nació en San Francisco Lempa, en 1976. Profesor y Licenciado en Letras. Formó parte del Taller Literario El Cuervo. Es miembro de la Fundación Cultural Alkimia. Obtuvo el Premio María Escalón de Núñez. Ha publicado un libro de poesía Parqueo para sombrillas.

Estación de la Rabia
Cierren las horas
que mis pies tienen frío color de laguna
que en mis ojos ya no cabe la ceniza de tanto amar
derretido

quiero un cangrejo

un cangrejo que me lleve río abajo
donde la vida era pequeña y constelada
como la frente de mi abuelo
como su dulce rabia de galaxia

mis manos están frías como secreto
transparentes como llovizna

me da miedo dormir
mi corazón es una locomotora que arrastra soldados
a una guerra estúpida
me da miedo despertar
la guerra no es un sueño
es un ejército de niños debajo de la cama

El Milagro de las Olas
Platícame de estos seis años de no saber por qué
hablame así de conforme: “somos locos y amigos
antes que creernos voluntad suprema del amor”

decime que no entendés por qué yo esto y lo otro
excusa tras excusa y viajes de volver vacío
hasta del mismo aliento

gritame a la cara que todo ha sido morder el polvo
y morder el polvo
y repetir y repetir y repetirnos
y mandar al carajo todo y a todos

yo sabré callar
te juro que sabré callar
y bajaré los ojos como bestia herida que no cree más
en su legítima defensa
y seré arcilla bajo tropel de elefantes
sombrero y caña en el huracán
y serás puñado de hormigas en mis ojos

entonces él
el cristo de nuestro diminuto templo
caminará sobre las olas
de nuestro llanto de poca fe.


El señor de los Bosques

al abuelo


A veces hay azotes de luz que ultrajan
las regiones azules de tu muerte

Preferible creer que tus ojos tibios
no arrastran al redil de tu dolor
rostros amados voces rutilantes que sin duda
seguirían alargando puentes entre nuestro llanto
y el amarillo camino de tu silencio

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