miércoles, 4 de marzo de 2009

Escritores contra escritores

Hace algunos día me encontré este artículo escrito por Rafael Menjivar Ochoa y publicado en el periódico Centroamerica 21. Transcribo el texto íntegramente y espero sea un aporte al vínculo que debe existir entre los escritores jóvenes y los que ya cuentan con una trayectoria dentro de las letras.

Lo que hasta hace unos años ocurría como una excepción, parece convertirse en una constante: escritores salvadoreños menores de 35 años están colocando sus obras en el extranjero y obteniendo reconocimientos a los que pocos habían tenido acceso


Tres poetas han ganado, en sólo un año –y en toda la historia–, premios en España. Krisma Mancía, a los 25 ( Viaje al imperio de las ventanas cerradas , 2006), y Eleazar Rivera, a los 30 ( Ciudad del contrahombre , 2007), fueron premiados en la editorial La Garúa, de Barcelona, que nutre a escritores jóvenes con propuestas de ruptura en el difícil y abigarrado medio español.
La misma editorial ha anunciado la publicación del poemario Los pasillos imaginarios de Carlos Clará (32 años). Estos premios y publicaciones siguen a la antología Trilces trópicos , también de La Garúa. De ocho salvadoreños incluidos, cinco estaban entre los 25 y los 32 años en el momento de la publicación.
Jorge Galán, a sus 33, recibió el prestigioso premio Adonais por su poemario Breve historia del alba . (José Roberto Cea, había obtenido un accésit en 1966, con Códice liberado , a sus 27.) La semana pasada, la cuentista Claudia Hernández (31) fue colocada entre los 39 escritores menores de 39 años más representativos del continente por un jurado internacional. En 2004 obtuvo el premio Anne Seghers, en Alemania, y antes aún, en 1995, se convirtió en la primera centroamericana (o centroamericano) en obtener el premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional.
Lo anterior, y el hecho de que cada vez sean más los jóvenes que ven sus trabajos en buenas revistas extranjeras, podría hacer pensar que la literatura salvadoreña goza de cabal salud, que está proyectándose y que estos jóvenes son orgullo, esperanza y miel sobre hojuelas.
Si se observa mejor, lo que está produciéndose es una severa crisis literaria que pone en cuestión mucho de lo que ha sido canónico en los últimos cuarenta años, por ejemplo los modos, los motivos y los objetivos de la literatura.
De manera esquemática, muchos “viejos” –y otros nada viejos­– encuentran en la nueva producción una negación del “compromiso social” que desde los años sesenta se exige casi indefectiblemente a los escritores salvadoreños, y ven un desarrollo técnico y formal al que no encuentran sentido. El argumento clásico sería: ¿Cómo escribir poemas acerca de conflictos personales cuando tanta gente padece hambre? La respuesta de los jóvenes –y no de todos– es seguir escribiendo dentro de una gama temática amplia y desarrollando sus capacidades técnicas y expresivas.
Tras los argumentos acerca de la “utilidad” de la literatura hay más de lo que se declara. Por ejemplo, que los escritores que están perfilándose tengan acceso de manera tan natural a “mercados” que otros han buscado durante años, y que el carácter utilitario de la literatura local sólo abrió en los restringidos y efímeros círculos de la solidaridad con causas políticas.
Muchos sienten que los jóvenes están ocupando un lugar en las letras del país, y destacando fuera de él, sin pasar por su visto bueno (la aceptación explícita de “el medio”), sin adquirir méritos en la militancia política o social y, peor aún, de manera “prematura”, es decir: antes de que los ya “viejos” hayan obtenido su lugar en las letras y un cierto reconocimiento.
Lo que se ve no es sólo un relevo generacional, sino un desplazamiento, en el cual las reglas del juego no las ponen los mayores, sino los novatos, con la validación de premios y publicaciones en lugares donde lo importante no es el “compromiso”, sino la efectividad de la escritura. Hay escritores ya formados que asumen con madurez el asunto, pero también hay reacciones violentas y salen a la luz resentimientos profundos.
Lo cierto es que el fenómeno no parece tener marcha atrás, y la paradoja es que, ante el relativo rechazo de “el medio”, los nuevos escritores deben buscar fortuna en el exterior, con los resultados ya mencionados.
Sólo el tiempo dará la perspectiva de las cosas... y ya está transcurriendo.

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