sábado, 4 de julio de 2009

Las iRReverencias de Luissiana Naranjo


La Poesía casi siempre nos da sorpresas. Muy gratas sorpresas.




Esta semana me encontre en la Web con una poeta de Costa Rica a quien yo desconocía. Dedo decir, que su obra me impresionó desde el primer momento. Los temas que trata son temas relacionadas con la sexualidad y la definición del ser mujer. Además, de abordar el hecho poético con el desenfado y la irreverencia posible. No digo más, porque mis palabras no alcanzan a describir lo que ella es como poeta. Así que sin más ambiguedades los dejo con Luissiana Naranjo.




Vida y milagros


Nací el 6 de septiembre del 68 con la decisión desde muy niña por ser poeta y misionera. Dejé la misión que profesé 15 años y proseguí fiel al oficio de ser libre, poeta, editora, promotora cultural, artesana, productora, microempresaria, madre… Presidí y colaboré con muchas asociaciones culturales y literarias y pertenecí a diversos grupos y talleres, a quienes no menciono porque quizás los ofenda o los ilusos me arrinconen con algún movimiento. Pero ante todo activista de los derechos humanos y ambientales (privados de libertad, pacientes con cáncer, los indígenas, la niñez desposeída, la conservación, etc) con posesión como editora de 5 libros de poesía con esas temáticas y 3 libros más con mi poética, el más reciente poemario "Resabios" fue publicado por la Editorial Andrómeda.. Además, me han incluido en diversas antologías en México, Argentina, y Colombia.




Luissiana dixit


Me dicen mujer de arrebatos, de gubia profunda y de arándano en miel. Lo soy. Y eso que soy… es imposible de separar en mi poética, soy fiel a mí misma en la palabra, véase o entiéndase como denunciante de mi existencia, por ello revelo mi cotidianidad que es la de todos, sin artificios ni preocupaciones por la crítica literaria -si es que existe con seriedad en este país-.Me dicen mujer de insolencias, de roble pionera y de almohadas de pluma. Lo soy. Insolentes o sin tapujos se vuelven mis poemas, que nacen de mí para el otro o del otro para el mundo o para la polilla. Mi dialéctica es tan corriente como mi sombra que se posa adormitada en la piedra, en un país que nunca atina y en ese juego ocioso donde miro por la ventana. Y tan corriente y directa es mi poesía que he durado quince años para desposeerme de todas las teorías académicas y trascendentales y de todos los talleres que me recetaban el sacrificio de mi propio latido poético y existencial. Nada ha sido en vano, por supuesto.


Saltos de Rana

Mi dolor tiene saltos de rana. Cae en los charcos. Se ensucia. Tiene la apariencia de perderse. Lastima como subir escaleras por ser de piernas cortas.



Se agita. No entiende su lámina y torcedura. Duele la encía, el nervio óptico y el desperdicio.



Sigo confundida y el miedo tiene la intención de hacerme preguntas. No respondo. Duelen los dedos, la muñeca, la piel sobre el teclado, mi poesía. Intento ver luz de mi propia luz.



Me restablezco porque sé mirar en el jardín. Luego, como un chocolate. Mi hija corre y me duele su abrazo. Juego y la cargo a caballito de guerra. Pero asumo el grito del batallón.



Siguen los brincos de la rana. Solo llueve debajo de sus ancas. Se atrapa a sí misma en el barro. Ahora, quiere llegar al fondo del caracol pero solo escucha el eco de un bosque.



Retrocedo porque el perro cogió mi zapato. Entonces, me enojo con la rana, con sus saltos y mis pavuras. Hay un terraplén en mis neuronas. Viene una cabeza de agua, restos de madera y abrojos. La rana no me deja dormir. Sigue soñando con su caracola. No hay lirios de agua en la cama que suavicen su contractura. Vuelvo a caer en el pozo por esa maldita rana. Me persigue desde los 12 años. Me pierde a donde vaya. Arremata en mi ilusión, en el vacío que me domina, en ser presa de este imperio eterno de los anfibios.



A veces la dejo que dance conmigo. Me burlo de ella. La reto entre alturas y profundidades. La rana me ha dejado sus bromas, sus escalas y distintos modos de rebote. Me deja caer muchas veces pero resisto. Ella es desigual a todas las ranas. Una de trópico impetuoso que suena y suena taciturna hasta cansar.



Ambas, nos despedimos un rato.



Yo me voy al charco y ella a mi cama.





2 comentarios:

Luissiana Naranjo dijo...

Gracias poeta hermano, que siga la poesía uniéndonos de irreverencias...!!

Eleazar Rivera dijo...

Gracias a tí por regalarnos estas yojas irreverentes.