domingo, 20 de septiembre de 2009

La deseperación inventa nuevas modalidades

Nunca supo la oscura causa de su propensión al auto sacrificio. Sus intentos iban desde sobredosis de antiasmas y paquetes enteros de aspirinas con cocacolas hasta la búsqueda más cercana de la muerte, disparándose en el pecho con una calibre veintidós, sólo que no tendría segunda oportunidad de volver a dispararse, no porque hubiera muerto, sino porque lo hizo en el lado derecho del echo. Ignoraba el lugar exacto del corazón.

No se supo qué manos pusieron a su alcance un ahoja de afeitar. Pero volvió a fallar. Al desmuñecarse la mano izquierda no pudo hacer lo mismo con la derecha; su izquierda desgonzada no tuvo fuerzas y a tiempo apareció la trabajadora, quien puso el grito en el cielo y en el teléfono del hospital de la ciudad, donde terminó alimentándose y reponiéndose a base de transfusiones.

Su aislamiento se prolongó hasta que demostrara cierta mejoría. Primero con la camisa de fuerza. Luego vino un chorro de lucidez y quedó con las manos libres, pero siempre dentro del aposento acolchonado.

Una mañana lluviosa de principios de noviembre la enfermera lo encontró flotando en su propia sangre.

Se había cortado las venas con sus propios dientes.
(tomado de Cinco Bocetos de Agonía, escrito por Marco Antonio Villatoro Lara; Primer lugar en la Juegos Florales de Santa Rosa de Copán).

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