viernes, 23 de octubre de 2009

¿Poesía del Vacío?: Breve panorama de la joven poesía salvadoreña

Foto propiedad de Krisma Mancía. Aparecen sentados de derecha a izquierda:
Eleazar Rivera, Krisma Mancía y Jorge Galán.
Son muchos los movimientos que se han visto en el siglo veinte. ¿En cuál de esto podemos ubicar la poesía que actualmente se está escribiendo en El Salvador? Es demasiado atrevido hacer una ubicación en alguno de ellos; como también es irresponsable dar un juicio definitivo al respecto. Sin embargo, sin ser pretencioso o atrevido, creo que se puede hacer una valoración de la poesía que los y las jóvenes están escribiendo en El Salvador.

El año 1992 sirve como momento de partida, ya que es aquí cuando se firman los acuerdos de paz que pone fin al conflicto bélico en el que se había sumido el país. De ahí en adelante se habla de la posguerra y es en este momento que la situación del país tiende a cambiar y se suman otros hechos que inciden en la obra poética escrita durante este período. Aguilar (2007)[1] ha detectado cuatro características del período de posguerra:
a- Un nuevo escenario político
Con la firma de los Acuerdos de Paz se pone fin a un conflicto armado y se crean las condiciones para que el FMLN se vuelva un partido político.
b- Diversificación de las formas de violencia
La posguerra trajo consigo la desmovilización del ejército, de cuerpos de seguridad y del FMLN; y al mismo tiempo la creación de la Polaca Nacional Civil.
c-Consolidación del modelo neoliberal
Se crearon las condiciones para que el sistema de libre mercado pudiera afianzarse en el país.
d- Incremento de la migración y profundización de la ruptura del tejido social a la fragmentación de la familia
La migración hacia otros países principalmente a Estados Unidos se ha agudizado en los últimos años.

Entre las voces más importes de la poesía salvadoreña contemporánea podemos mencionar las siguientes: Krisma Mancía, Susana Reyes, Jorge Galán, Carlos Clará, Oswaldo Hernández, Alfonso Fajardo y Eleazar Rivera.

Las características más importantes de esta poética son las siguientes:
1- Talleres literarios
Los talleres y grupos literarios han formado parte de la vida literaria del país. Así lo demuestra Rivera (2008)[2] en investigación realizada al respecto. Según este autor, los talleres literarios son agrupaciones de jóvenes escritores que se aglutinan en un colectivo con el fin formarse literariamente, trabajar su obra y promoverla. Estas agrupaciones literarias surgen ante la ausencia de academias o carreras que permitan a los escritores formarse como tales. Durante el período que nos ocupa se pueden destacar los siguientes talleres: Unicornio Azul, Simiente, TALEGA, Tecpán, Fragua, El Cuervo, La Zarza, Añil, Serpiente Emplumada, Casa del Escritor, etc[3].

Muchos de los jóvenes poetas de la posguerra se han formado en estos colectivos literarios. Entre ellos podemos mencionar: Krisma Mancía, Carlos Clará, Oswaldo Hernández, Alfonso Fajardo y quien esto escribe[4].

2- Poesía escrita en verso libre
La poesía salvadoreña escrita durante la posguerra, se caracteriza principalmente por el predomino del verso libre. Así lo evidencia la poética de Alfonso Fajardo, Krisma Mancía, Carlos Clará, Oswaldo Hernández, Susana Reyes, Roxana Méndez, Jorge Galán, entre otros.

Debemos tener presente que el verso libre rompe con la métrica tradicional: medida, acento y rima; es decir, los sistemas métricos son desplazados por las innovaciones introducidas en la poesía actual (Quilis, 1969[5]; López[6], 1969; Paz[7], 2003; Utrera[8], 2001). El verso libre no se subordina a las formas tradicionales y el lenguaje se inclina hacia la emoción del poeta. Además de ello, se basa en el ritmo interno del poema que según Paz (2006)[9] puede ser de cuatro formas:
a- Ritmo sintáctico: Suele combinar versos canónicos con versículos, aunque la tendencia rítmica se aproxime a la prosa. Es la base del verso libre. Veamos el siguiente ejemplo en un poema de Alfonso Fajardo cuyo título es Neón Primitivo[10]:
Comienza el ruido neón del día de los locos
y ya el tiempo y la luna
son filos de una misma navaja que sonriente
parte la nieve del autoexilio cuando ni el amor o la poesía
alientan este viejo cuervo enterrado vivo en el mármol del pecho
Aquí el poeta se libera totalmente de la métrica y recurre al verso largo para expresarse. Hay que destacar que Alfonso juega mucho con el absurdo, con la ironía y con el sarcasmo y precisamente en este poema hace alarde de lo bien que maneja estos recursos poéticos.

b- Ritmo de pensamiento: se reconoce por la estructura peculiar, ya que no se trata de cualquier repetición sino de palabras claves y de estructuras oracionales, definiendo así un ritmo sintáctico que orienta el pensamiento hacia un fin, y suele observarse un sentido cíclico del poema. Veamos un ejemplo de esto en el poema Sara[11] de Carlos Clará:
Oscura meridional
la soledad el último deseo
de llamar
y llamar
y llamar
y llamar a la muerte
con nombres equivocados

c- Ritmo interior: se le conoce también con el nombre de ritmo personal. Aquí la emoción se desplaza a través de conexiones sintácticas. Ello supone que las recurrencias se perciben en cadena, impulsadas por la intuición, es decir por conexiones sentimentales que se liberan de los mecanismos de defensa de la conciencia, estableciendo una postura íntima. El movimiento, por tanto, no es frenado por repeticiones que obliguen a hacer pausas muy marcadas. Veamos un caso de esto en el poema Trenes[12] de Jorge Galán:
Solo algunos ancianos quedan en la mañana

Ellos conversan sobre trenes, recuerdan ciertos viajes
Hasta ciertos lugares que hace mucho no existen.
Visitan cafés, las esquinas, las albas, los jardines…

d- Ritmo de imágenes libres: tiende a la yuxtaposición de imágenes y metáforas sin enlaces sintácticos. Veamos un ejemplo de esto en una prosa poética muy bien lograda por Osvaldo Hernández:
Mamá tiene los calcañales agrietados de tanto combatir inviernos a cacerolazo limpio, sin un solo fonema de reniego en sus labios fruncidos. Forense se pescados que mi mano poderosa robaba al Suchitlan con un risible anzuelo…[13]

3- Neoexistencialismo
A diferencia de los escritores del período de la guerra, los jóvenes poetas que nacen en la posguerra de alejan tanto en la forma y fondo de la obra poética que les antecede. Por ello, los temas y características formales predominantes en lo obra escrita durante este período se distancian de la guerra propiamente dicha. El Neoexistencialismo parece surgir porque los temas preferidos de los poetas de la posguerra son la nada, el silencio, la soledad, la muerte (Melgar, 1999 en Guevara, 1999)[14], la migración, el hecho poético, etc. López Méndez (2008)[15] valida la tesis de Melgar cuando afirma que los jóvenes tienen en su obra poética significados profundos donde destacan el paisaje interior de la infancia, el discurso del pasado, la ciudad, el tema de la muerte con voz de soledad.
Veamos algunos ejemplos:
Permitió que la muerte, esa lerda esfera azul,
tiñera la carne desprendida del aire,
sacara su lengua pálida,
y palpara los colores ligeros de las medusas y rompiera sus vientres
al devorar sus tibias entrañas de arco iris.[16] (La muerte en Krisma Mancía)

Huyo de la soledad
que se derrama tras las puerta,
su rostro está esparcido
en cada esquina
sediento,irónico…[17] (la Soledad en Susana Reyes)

4- Dispersión de las formas de expresión poética
Casi todos los poetas aglutinados en los diferentes grupos o talleres poseen sus propias formas de hacer y concebir la poesía. No existe un molde, ni códigos lingüísticos que deban usarse en el oficio poético. Cada autor moldea su voz diferenciándose de las voces de los demás (Fajardo, 2002 en Rivera, 2003)[18].

5- Alejamiento ideológico
Estos autores no responden a un perfil seudo izquierdista con el que nos acostumbramos a catalogar a los poetas del período de la guerra. Se rompe con la influencia que ejerció Roque Dalton durante el período de la guerra y se han superado los caudillismos revolucionarios, gracias a una nueva forma de concebir la poesía mediante la cual se aproximan a la más alta tradición literaria; debe destacarse su capacidad de renovación y trasgresión lírica (Alvarenga, 2006[19]; de la Vega, 2006[20]).

A continuación, anexo una breve biografía y tres muestras poéticas de los poetas antes mencionados para que el lector tenga una idea del trabajo que estos autores han realizado.

Alfonso Fajardo
Nació en Nueva San Salvador el 20 de marzo de 1975. Es miembro fundador de TALEGA. Licenciado en ciencias Jurídicas por la Universidad Francisco Gavidia y actualmente cursa una maestría en derecho mercantil en la Universidad José Simeón Cañas. Ha recibido los siguientes reconocimientos: Primer Lugar en los Juegos Florales de Cojutepeque (1994 y 2000), Santa Tecla (1995), Zacatecoluca (1995), Usulután (1997), Santa Ana (1999), Quetzaltenango, Guatemala (2002) y Mención de honor en el Certamen “Rogelio Sinán”, Panamá, (2005). Ha publicado los siguientes libros: Novísima Antología, La danza de los días y Los fusibles Fosforescentes.

NEON PRIMITIVO
Comienza el ruido neón del día de los locos
y ya el tiempo y la luna
son filos de una misma navaja que sonriente
parte la nieve del autoexilio cuando ni el amor o la poesía
alientan este viejo cuervo enterrado vivo en el mármol del pecho

Comienza mi memoria y tus ojos
son dos gusanos anaranjados que rezan al pie
de un promontorio de piedras como huesos como sueños
mientras nazco de nuevo de la mano del pan del infierno del estío

Sólo la escalera imaginaria de las calles cuenta
a la hora que el pasado vese en lo primitivo de la azul bruma
y yo y mi otro yo suben
a los estadios del silencio donde la paz reina como el vientre de una prostituta
o la conciencia de un país abandonado en el lobby de los pederastas

¡Ah cómo extraño el tiempo de cuando el tiempo aún era tiempo,
y no una palabra gasta por la repetición de su nada!

¡La Inmolación! ¡¡La Inmolación!! ¡¡¡La Inmolación!!!

He aquí la música de la neblina y sus ventanas infinitas
Apenas comienza el día negro el fuego de los locos
y ya mis neuronas como globos de gas
penetran en el secreto donde mórbidos ángeles fuman el tabaco de los dioses


LA MUERTE
Escucho un frágil sonido
es el murmullo del aire
pronunciando un tatuaje
que nos hiere con sus astillas
en todo momento presente
a cada paso al encuentro
imagen a imagen
de la mano agarrados
hacia el agua
del mismo árbol
de donde brotan
de sus terribles raíces
vida y muerte
muerte y vida
espejeos continuos en el sendero del ruido

Haz de reflejos
principio y fin
median años
serpiente anudada
del diario morir
al entero silencio
sus porfiados abismos
con música secreta
del frágil sonido
rondando pinturas
sus óleos fatigados
de vital evanescencia
hacia un camino de aire más

LULÚ
He aquí la vocación de la bruma.
No sé quién sos, pero te conozco.
Miro tu rostro y en esa ceguera presiento un abismo.
Camino en círculos y de regreso.
Vegetaciones de vellos púbicos, crisálidas
de carne temblorosa, útero de fuego
donde los amantes encienden sus antorchas.
De memoria tus duras nalgas, el olor a cedro
de tus fluidos, tus senos que Fellini despreciaría
y yo los vuelvo vino, la otra orilla
de tu forma de pensar que nos permite cruzar puentes,
la vulgaridad toda de ser feliz y exacto en el tiempo que nos ha abortado.
Amo tus gemidos más que las liturgias,
mido mi grandeza a través de tus ojos,
prefiero tu ombligo a cualquier bandera,
sueño que sueño, como el Bretón de mis locuras,
en el universo de una cama donde sólo giran
nuestros cuerpos celestes. Ahora te conozco y sé tu nombre,
sé que bailás tu propia música y no tenés número de seguro social,
que tu boca es pequeña y hambriento tu deseo.
Sé tu nombre y no lo pronuncio:
me basta tu imagen bajo el día impecable.
Ha pasado toda una vida, mi vida. Ha entrado
la muerte a mi lecho, mi muerte.
He mentido, no sé tu nombre pero lo sé:
sé que tu nombre es lluvia porque yo te nombro lluvia,
y nada más fuera de este bosque, de este altar,
de este cuadrilátero, es real y suficiente.

Sólo tus palabras de niebla
son ciertos, esos pasos que se acercan a mi costado y,
desconocidos de años de nosotros mismos,
nos vamos matando
el uno al otro.

Jorge Galán
Nació en San Salvador en 1973. Se graduó como Licenciado en Letras en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Por sus premios en los Juegos Florales CONCULTURA de otorgó el Título de Gran Maestre de Poesía y ha obtenido los Juegos Florales de Quetzaltenango (Guatemala, 2004) y el Premio Adonais (España, 2006). Ha publicado El Día Interminable, La Habitación, El Sueño de Mariana (novela), entre otros.

El Día Interminable
Ayer era domingo y hoy también es domingo,
el nombre interminable de un día interminable.
La misma taza blanca y el mismo café negro
todos beben y sienten un sabor de penumbra.
Una anciana que espera los hijos que no vuelven
-ningún hijo esperado vuelve lo suficiente-.
Ciertos hombres que sueñan, no van a ningún sitio,
una fruta que cae donde nadie ha previsto,
la lentísima luna como un seno lentísimo,
emergiendo del pecho más total del poniente.

Todo sucede ahora. Todo ya ha sucedido.

Trenes
Sólo algunos ancianos quedan en la mañana.

Ellos conversan sobre trenes, recuerdan ciertos viajes
hasta ciertos lugares que hace mucho no existen.
Visitan los cafés, las esquinas, las albas, los jardines,
Se detienen para escuchar el murmullo de las lechuzas,
para recoger una almendra del suelo humedecido,
para mostrar una fotografía que siempre ha sido antigua,
para mirar unas montañas que ya no recordaban.
Para ellos el viento siempre será un cabello largo
y el aroma de los jardines ya no será algo más que una
muchacha.
El calor para otros es una camiseta que baja lentamente,
pero ellos están fríos a la orilla de un río todavía diáfano.
No morirán esta mañana, eso lo saben, por eso están felices,
por eso están hablando que se han vuelto siluetas,
que se han tornado oscuros como sus propias voces,
que su piel macilenta se ha vuelto viento.
Sólo algunos ancianos permanecen, conversan…

Los trenes que recuerdan son cada vez más lentos.

Solo
Quisiste abandonarte, muchacho inusitado,
y te dejaste solo.

Bien sabías lo que iba a sucederte:
nadie iba a lamentarse porque ya no distingas
las siluetas del tiempo,
porque ya no camines en la hierba,
porque ya no te sientes a esperar el invierno debajo
de los árboles.

Nadie iba a sospechar que ya no existes,
salvo tus propios ojos.

Y como ayer, hoy nada es diferente,
las ventanas del día ya olvidaron tu rostro.

Osvaldo Hernández
Nació en San Francisco Lempa, en 1976. Profesor y Licenciado en Letras. Formó parte del Taller Literario El Cuervo. Es miembro de la Fundación Cultural Alkimia. Obtuvo el Premio María escalón de Núñez. Ha publicado un libro de poesía Parqueo para sombrillas.

Estación de la Rabia
Cierren las horas
que mis pies tienen frío color de laguna
que en mis ojos ya no cabe la ceniza de tanto amar
derretido

quiero un cangrejo

un cangrejo que me lleve río abajo
donde la vida era pequeña y constelada
como la frente de mi abuelo
como su dulce rabia de galaxia

mis manos están frías como secreto
transparentes como llovizna

me da miedo dormir
mi corazón es una locomotora que arrastra soldados
a una guerra estúpida
me da miedo despertar
la guerra no es un sueño
es un ejército de niños debajo de la cama

El Milagro de las Olas
Platícame de estos seis años de no saber por qué
hablame así de conforme: “somos locos y amigos
antes que creernos voluntad suprema del amor”

decime que no entendés por qué yo esto y lo otro
excusa tras excusa y viajes de volver vacío
hasta del mismo aliento

gritame a la cara que todo ha sido morder el polvo
y morder el polvo
y repetir y repetir y repetirnos
y mandar al carajo todo y a todos

yo sabré callar
te juro que sabré callar
y bajaré los ojos como bestia herida que no cree más
en su legítima defensa
y seré arcilla bajo tropel de elefantes
sombrero y caña en el huracán
y serás puñado de hormigas en mis ojos

entonces él
el cristo de nuestro diminuto templo
caminará sobre las olas
de nuestro llanto de poca fe.


El señor de los Bosques

al abuelo


A veces hay azotes de luz que ultrajan
las regiones azules de tu muerte

Preferible creer que tus ojos tibios
no arrastran al redil de tu dolor
rostros amados voces rutilantes que sin duda
seguirían alargando puentes entre nuestro llanto
y el amarillo camino de tu silencio

Carlos Clará
Nació en San Salvador en 1974. Perteneció al Taller Literario El Cuervo. Publicó en Coautoría con Danilo Villalta el libro Montaje Invernal.

Uno
Quebremos los vitrales
y recojamos los trozos del suelo
como partes del alma
que el solo nos robó
Para los templos



Estación del Delirio
I
Los párpados ceden
las voces callan nuevamente
vos
caminás sobre lágrimas
sobre hojarasca de latidos
y el sueño como la forma más letal de vivir
te lame las heridas con malicia de niño.

Y te besás los labios.

Con el alma abierta
admirás tus ojos cerrados
como un caudaloso umbral de vientos y zarzas.

Sara
Sara oscura meridional
escasa inmóvil piel
la muerte entre las manos
del último deseo
la luz en la madrugada
en un cuarto lejano

Sara el miedo
la rabia de la raíz que revienta las aceras
el temblor de las hojas en el viento
el ojo de un espíritu ligeramente amarillo

Sara el frío
el pecado abierto en la oscuridad
la voz a medianoche desde un teléfono público
y las letras desteñidas en el disco de acetato

Sara esparcida en el polvo
Sara la foto escondida
Sara mala intención de omitir direcciones faroles rotos
Sara diluvio Sara sed
Sara amargo sorbo en el bar solitario

Sara los sitios del alma
Sara ojos que el tiempo duerme
Sara madre hijo uno

oscura meridional
la soledad el ultimo deseo
de llamar
y llamar
y llamar
y llamar a la muerte
con nombres equivocados

Sara


Eleazar Rivera
Nació en Santo Domingo en 1976. Profesor y Licenciado en Letras graduado de la Universidad de El Salvador. Perteneció al Taller de Letras TALEGA. Ha recibido los siguientes galardones: Premio María Escalón de Núñez, Premio Centroamericano de Poesía Pablo Neruda (Costa Rica, 2004) Primer Lugar en los Juegos Florales de Sosonate (2005), Primer Lugar en los Juegos Florales de Santa Ana (205 y 2006), Gran Maestre en Poesía (CONCULTURA, 2006), Premio Internacional de Poesía Joven La Garúa (España, 2006) y Primer Lugar en los Juegos Florales de Santa Rosa de Copán. Ha publicado los libros Escombros, Crepitaciones y Ciudad del Contrahombre & Noctambulario.


Recuento de la ausencia
a Rosa y Helmut

Seis años después del adiós, resulta difícil sentarse a ver la televisión y olvidarse de todo. Resulta difícil sacudir los escombros sin pensar en el duelo de los años; y es que aquí, el tiempo no es tiempo. Las horas son grises. El reloj tiene la pausa del inanimado: se detiene; se añeja y nos martilla. Reviso los pasos, las espinas, los espejos. Con el hígado en una mano y un puñal en la otra, no hay más que el diario personal del que se desviste en la página en blanco para sangrar hasta la última palabra.

Repito: aquí el tiempo no es tiempo, es la farsa más grande que hemos inventado.

Escombros
Heme aquí con la simple pretensión del aire. En el pecho de una voz sin carne. En la explosión de un juego sin palabras. En la ebriedad mágica de un paisaje. Camino del ritual sin sombra. Crepúsculo milenario de un naufragio. Paraje de la última estación de un poeta. Heme aquí con los faroles del desenfado. Con el desdén de auroras y volcanes. Con la luz suspirando en cada beso. Con los cuervos de universos apagados.

Todo es efímero. Efímero el mar, la colmena y el cántaro. Efímera la hebra de árboles sin pájaros. Efímera la vela y la noche. Efímero el cometa y el hangar de las plumas rotas. Efímero el humo y el libro de las palabras asesinas. Efímero el aliento y el suspiro. Todo es efímero frente a la risa cobarde de la muerte.

No más vestidos con barrotes. No más cadenas sin memoria iluminada. No más signos para códices sin sangre. No más vendimia. No más sortilegio de palabras muertas.

Heme aquí, con la perra que lame mis heridas. Astro sin el eco de párpados alados. Cordero sin su hostia. Heme aquí, en el navío descalzo de un profeta, en la penumbra de un violín sin alas; en el infinito de una imagen tenebrosa, con la cotidiana miseria de embotellar sonrisas.

Postulado de irreverencia
Este minuto pasa golpeando. Son exactamente las horas del desconcierto. Tiembla. Esta ciudad hiede. No puedo detenerme en esta talega de desmesuras. Mi diario personal cierra lentamente sus ojos. El tambor de las epifanías luce su exangüe listón. Una bestia se postra en la entrada al infierno. Esta barca perdió sus remos en algún lugar del mar Egeo. Ulises es una sombra imaginaria con alas rotas en el último suspiro. Yo sé que se detiene el vaivén intermitente del pecho frente a la penumbra oscura de la ceniza.

Humano. Terriblemente humano. Dueño de todos los cepos, de todos los grilletes, de todos los barrotes. Mi pasaporte tiene una herida; un puñal le cortó la identidad.


Esta sonrisa tuya, no es más que una burla que me restregás en el rostro. Este escarnio tuyo, sin tentarse el hígado porque ya lo tenés cristalizado de tanta borrachera. Este destierro no es para mí. No te conozco; pero, sé que existís. En algún lugar tenemos que encontrarnos. Te invitaré a un café, a una charla, a un verso triste. Vos vas a insistir que te acompañe. No. No pertenezco a la congregación de tus desvelos. No soy tu pan diario. Puedes irte a la hora que te convenga. Puedes celebrar las misas y los novenarios que necesités para ser excomulgada. Yo seguiré aquí, palpitando como corazón que delata su último paraje.


Susana Reyes
Nació en San Salvador en 1971. Se graduó como profesora y Licenciada en Letras en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Es miembro de la Fundación Cultural Alkimia. Su obra ha sido merecedora de múltiples reconocimientos. Ha publicado Recuento de relaciones (en coautoria con Juan Ramón Saravia) e Historia de los espejos.

Yo te descubro
Yo te descubro
-hombre-
en cada verso
y he aprendido
a descifrar
tus pasos.

Ellos son las esfinges
yo, Edipo.


En el hueco de tus manos
En el hueco de tus manos
pongo tu nombre
y lo bebo a sorbos,
tus minerales
se licuan con mis soles
y en la memoria
la leyenda de tu cuerpo
se vuelve mariposa,
limpio las soledades
a tus pasos,
entonces te acuno entre mis ojos
entonces te limpias el sudor
y recoges mis mañanas.

Ulises
Nadie te enseña a volver
te quedas ahí
esperando una corriente que te lleva
sin saber a qué playa
y regresas a otra orilla
que te cobija y alimenta
y olvidas el camino
en el sueño que no vuelve
eco impreciso en tu latido
eco triste
ajeno ya
imposible
sin nombre.

No se sabe volver
a donde nunca se ha ido.


Krisma Mancía
Nació en San Salvador en 1980. Ha realizado estudios de Letras en la Universidad de El Salvador. Formó parte del taller literario de la Casa del Escritor. Ganó el Premio de Poesía Joven La Garúa (España, 2005). Ha publicado dos libros La era del llanto y Viaje al imperio de las ventanas cerradas.

Vivir en una Nevera
La rabia del viento golpea la puerta,
hace que las bisagras de las ventanas cedan
y que el perro ladre detrás del sofá.
Cierro los ojos en un acto de defensa
y respiro por los parpados como las lagartijas.
Extraño mi viejo corazón de abuela perdida
que busca un pedazo de la luna en el refrigerador,
pero encuentra el retazo del alma, el alma del retazo
colgando en el hueco indiferente de la nevera.

Visión de una mujer que observa la ciudad en la ventanilla del autobús
Qué haré con tantas muertes.
Qué haré con los pájaros que se estrellan en los
ventanales
Qué haré con estas mañanas en que me gana la cobardía.

Pensar que uno está hecho de hierro y concreto
mientras un cristalino ovario se desgarra.

Si te mato,
me muero en una concertina de angustia.

Y pienso:
qué será del hierro y del concreto en el interior del
Edificio
si un cristalino ovario se quiebra junto a mi voz de
niña tonta.

Amor
Amor
sos un laberinto de espadas
un enigma de fuego que crece en la garganta
un vientre triste que mata a los amantes
antes de nacer
y es preciso que conserve esa visión
con sal de cocina
y ser la ira del fruto seco que se esparce en la tierra
y ser la muerte cuando nace un hijo
y ser la muralla donde él se apoye
y ser la hoguera donde lave su cuerpo
y ser todo
y ser nada.

Roxana Méndez
Nació en San Salvador en 1978. Es licenciada en idiomas. En 2003 recibió el título de Gran Maestre por CONCULTURA. Fue incluida en la Antología Poesía Centroamericana Contemporanea, publicada por la Universidad Autónoma de México. Ha Publicado dos libros de poesía Memoria y Mnemosine.
1
El inicio fue todo lo que no imaginamos:
un soplo sin aromas se convirtió en aliento,
luego un ojo infinito se hizo totalidad.
Un corazón sin margen emitió un gran latido:
Dios despertó y se supo primigenio y real.
Eso es y será siempre: un principio divino
y un latido terrible que no puede cesar
y transita por orbes explayando universos,
volviéndose un aliento que no tiene final.
Eso es lo que llevamos en nuestros corazones,
un soplo que prolonga su voz de inmensidad.

Memoria
Todo es presente ahora: mis ojos desatados
pueden ver la penumbra del cielo en este instante,
y en ese cielo inmenso, frío, extraño, distante,
vuelan aves de siempre sobre sueños pasados.
Otras calles retornan y es presente en mis labios
que besan las siluetas de los que ya han partido:
los niños de otras tardes y el viento conmovido
que trae de la iglesia su aroma de incensarios,
y las beatas señoras musitando oraciones
y el abuelo en el patio cantándonos canciones
y las lentas campanas de las cinco doblando.
las calles imprecisas retornan al silencio
y ese cielo de ahora que sufro y que presencio
comprendo que es de un día que existió no sé cuándo.



&&&
Parecerá mi voz
como la niebla
que se disipa

y mis palabras,
como la lluvia,
te mojarán
el sueño y la mirada,

y esperaré
que me hables
como lo hacías
antes,
en las tardes de otoño.



Además de los poetas antes mencionados, también podemos agregar a Mauricio Vallejo Márquez, Lya Ayala, Luis Angulo Violantes, Rafael Mendoza López, Edenilson Rivera, William Alfaro, Mario Zetino, etc.



[1] Aguilar- Ciciliano, M. (2007). “Las Huellas del delirio”. Trabajo Inédito.
[2] Rivera, E. (2008). “Después de la locura”. Trabajo Inédito
[3] Guevara, T. (1999). “Sangre joven para la poesía”. Revista Dominical del 24 de Octubre de 1999, La Prensa Gráfica: San Salvador.
[4] Lindo, R. (1999) “Alba de otro Milenio”. Dirección de publicaciones e impresos: San Salvador.
[5] . Quilis, A. (1969). “Métrica Española”. Ediciones Alcalá: Madrid.
[6] López Estrada, F. (1969). “Métrica española del siglo XX”. Gredos: Madrid.
[7] Paz Manzano, C. R. (2003). “La Poesía testimonial: Percepción poética de la realidad”. Memoria del Primer Coloquio Internacional del Literatura y Testimonio en América Central, Editorial Universitaria: San Salvador.
[8] Utrera Torremocha, M. V. (2001). “Historia y teoría del verso libre”. Padilla libros editores & libreros: Sevilla.
[9] Paz Manzano, C. R. (2006). “Sistema de versificación en la poesía de Roque Dalton”. Revista Cultura N° 93, Dirección de Publicaciones e Impresos: San Salvador.
[10] Fajardo, A. (2003). “Los Fusibles Fosforescentes”. Editorial Lis: San Salvador. Pág. 7
[11] De la Vega, J. (2005). “Trilces trópicos”. Editorial La Garúa: Barcelona. Pág. 84.
[12] Galán J. (2004). “El día Interminable”. Dirección de Publicaciones e Impresos: San Salvador. Pág. 18.
[13] Hernández, O. (2004). “Parqueo para sombrillas”. Dirección de Publicaciones e Impresos: San Salvador. Pág. 91.
[14] Guerrero, F. (2000). “Muestras de la poesía joven”. La prensa Gráfica, 31 de enero: San Salvador
[15] López Méndez, C. X. (2008). “Introducción al Vacío”. Revista La línea del Cosmonauta 8/9, Página 38: Hermosillo.
[16] Mancía, K. (2004). “La era del llanto”. Dirección de Publicaciones e Impresos: San Salvador. Pág. 17
[17] Reyes, S. (2004). “Historia de los espejos”.
[18] Rivera, E. (2003). “Escombros”. Editorial Universitaria: San Salvador.
[19] Gonzáles, M. L., Sobalvarro, J. y Alvarenga, L. (2006). “Cruce de poesía: Nicaragua-El Salvador”. Ediciones 400 Elefantes: Managua.
[20] Op. Cit.

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