viernes, 11 de diciembre de 2009

Edgar Iván Hernández y el arte de la brevedad

El cuento breve es una nueva forma de narrar. Digo nueva, porque no hace más de medio siglo que se ha puesto de moda. Para Montalvo (2003) el cuento breve floreció como una reacción al barroquismo lingüístico de la novela latinoamericana. Sin embargo, el cuento breve, microrelato, brevicuento, minificción, etc., tiene sus raíces en la Edad Media, en las parábolas de Cristo y fundamentalmente en la tradición oral.

Rojo (2006) ha definido el cuento breve como una narración donde se narra por lo menos una acción realizada por un personaje que no está tan claro o definido, pero que es al fin un personaje.

La autora antes mencionada, establece las siguientes características para este tipo de narración:
1. Prosa sencilla, cuidada y precisa, cuya vaguedad o sugerencia permite más de una interpretación.
2. Está regido por un humorismo escéptico; como recursos narrativos utiliza la paradoja, la ironía y la sátira.
3. Desde su origen, responde, alude a otras obras o al proceso mismo de la creación literaria.
4. Rescata formas de escritura antigua, como fábula y bestiarios.
5. Inserta formatos nuevos no literarios, de la tecnología y los medios modernos de comunicación (Rojo, 2006).

Muchos estudiosos han reconocido la década del 50 del siglo pasado como el punto de partida de lo que hoy es una nueva forma de narrar y se han atrevida a afirmar que fueron Jorge Luis Borges y Bioy Casares quienes se encargaron de compilar una antología de narraciones de entre dos líneas y dos páginas como la primera obra de este género.

Luego, vendrían Cortazar, García Márquez, Monterroso, Max Aub, entre otros cultores de este tipo de narración.

En Centroamérica, el cuento breve cuenta con una tradición muy fuerte en Nicaragua donde merece destacarse nombres como Sergio Ramírez, José Cuadra Vega, Michelle Najlis, entre otros. Tan fuerte es la tradición de cuento breve en Nicaragua que hay algunas antología sobre este género especifico y Arellano (2004) escribió un artículo al respecto.

En El Salvador, Ricardo Castro Rivas, Ricardo Lindo, Alvaro Ménen Desleal, son los grandes referentes. Actualmente, podemos mencionar a Ana Escoto, Claudia Hernández y a Edgar Iván Hernández como algunos de los escritores que cultivan la minificción.

El libro Cien brevicuentos de Edgar Iván Hernández nos sorprende por la desmesura con la que aborda la cotidianidad. Las escenas son frescas, claras y cumplen con las características del cuento breve, econonomía en el uso del lenguaje.

Aborda una multitud de temas entre los que claramente identifico la migración, el futuro, el pasado, lo valores humanos, la creencias religiosas, los oficios, etc. Al mismo tiempo que juega con l palabra creando situaciones que envuelven al lector y la hacen reflexionar sobre la situación que se ha presentado.

A veces, pareciera que se da una hibridación con otros géneros como la fábula, aforismo, parábola, ya que se establece una relación bastante paródica.

Bibliografía
Arellano, J. E. (2004). La Minificción en Nicaragua. Suplemento La Prensa Literaria, Periódico La Prensa, 11 de Diciembre de 2004: Managua.

De Miguel, P. (2008). El microrelato: ese arte pigmeo. http://www.elperroelocuente.blogspot.com.com/2008.

Montalvo, A. (2003). El arte de la brevedad. Revista Dominical, La Prensa Gráfica, 23 de Enero de 2003: San Salvador.

Rojo, V. (1996). Breve manual para reconocer minicuentos. Fundarte/Equinoccio: Caracas.

http://es.wikipedia.org/wiki/microrelato

2 comentarios:

Violeta Rojo dijo...

Hola Eleazar, gracias por la cita. Mi libro se llama "Breve manual para reconocer minicuentos". Caracas: Fundarte/Equinoccio, 1996.
Tenemos un blog: www.ficciominima.blogspot.com
Saludos, V

Eleazar Rivera dijo...

Gracias por leer mi blog y haremos la corrección en la cita bibliográfica