martes, 22 de diciembre de 2009

Premio Adonais 2009



Dejando a un lado el premio recibido, que por sí solo ya merece varios capítulos de mi vida, la mañana del 30 de noviembre resultó ser muy especial. Paseamos por Madrid, con el frío casi tapándonos la boca, entre árboles artificiales, preparados para ponerle luz a la noche madrileña durante los próximos días de Navidad, y asombradísimos de lo que la gente puede llegar a hacer por comprar un Décimo de Lotería en la mítica Doña Manolita. El frío de Madrid no es distinto al frío de Albacete; pero se mira desde otros ojos, con mirada distinta. Un paseo por las nubes, como decía el título de aquella película, un dejarse llevar a través de la bruma huidiza y del ruido sordo (de tan ruido) de los coches que rompen la mañana con su claxon. Y en el silencio de tanto murmullo, uno puede llegar a disfrutar de toda maravilla arquitectónica, que no se escucha pero sí que se ve, hasta retenerla por siempre en la memoria. Quisimos aprovechar nuestra visita a Madrid para conocer (¡por fin!) la Casa del Libro. Qué ganas tenía. Yo solito me llevé ocho libros, siete eran de poemas, y porque tuvieron que sacarme a empujones si no juro que hubiera hecho noche allí. Gran Vía, Sol, Plaza Mayor… ¿qué más se puede pedir? Algo de poesía, claro. Y entonces llegamos al Ateneo, el premio se fallaba a las 13:00 horas, y allí me esperaba: toda la poesía del mundo.
(Cortesía de Rubén Martín Díaz
http://laplumadebarro.blogspot.com/2009/12/premio-adonais-2009.html)

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