martes, 24 de febrero de 2009

Roxana Méndez

Nació en San Salvador en 1978. Es licenciada en idiomas. En 2003 recibió el título de Gran Maestre por CONCULTURA. Publicó Memoria.


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El inicio fue todo lo que no imaginamos:
un soplo sin aromas se convirtió en aliento,
luego un ojo infinito se hizo totalidad.
Un corazón sin margen emitió un gran latido:
Dios despertó y se supo primigenio y real.
Eso es y será siempre: un principio divino
y un latido terrible que no puede cesar
y transita por orbes explayando universos,
volviéndose un aliento que no tiene final.
Eso es lo que llevamos en nuestros corazones,
un soplo que prolonga su voz de inmensidad.


Memoria
Todo es presente ahora: mis ojos desatados
pueden ver la penumbra del cielo en este instante,
y en ese cielo inmenso, frío, extraño, distante,
vuelan aves de siempre sobre sueños pasados.
Otras calles retornan y es presente en mis labios
que besan las siluetas de los que ya han partido:
los niños de otras tardes y el viento conmovido
que trae de la iglesia su aroma de incensarios,
y las beatas señoras musitando oraciones
y el abuelo en el patio cantándonos canciones
y las lentas campanas de las cinco doblando.
las calles imprecisas retornan al silencio
y ese cielo de ahora que sufro y que presencio
comprendo que es de un día que existió no sé cuándo.



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Parecerá mi voz
como la niebla
que se disipa

y mis palabras,
como la lluvia,
te mojarán
el sueño y la mirada,

y esperaré
que me hables
como lo hacías
antes,
en las tardes de otoño.

sábado, 21 de febrero de 2009

Krisma Mancía

Nació en San Salvador en 1980. Ha realizado estudios de Letras en la Universidad de El Salvador. Formó parte del Taller Literario de la Casa del Escritor. Ganó el Premio de Poesía Joven La Garúa (España, 2005). Ha publicado dos libros La era del llanto y Viaje al imperio de las ventanas cerradas.

Este día finaliza la particiáción de Krisma junto a otros poetas salvadoreños en el Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de Granada en Nicaragua. Les dejo la siguiente muestra poética de esta poeta salvadoreña.

Vivir en una Nevera
La rabia del viento golpea la puerta,
hace que las bisagras de las ventanas cedan
y que el perro ladre detrás del sofá.
Cierro los ojos en un acto de defensa
y respiro por los parpados como las lagartijas.
Extraño mi viejo corazón de abuela perdida
que busca un pedazo de la luna en el refrigerador,
pero encuentra el retazo del alma, el alma del retazo
colgando en el hueco indiferente de la nevera.


Visión de una mujer que observa la ciudad en la ventanilla del autobús
Qué haré con tantas muertes.
Qué haré con los pájaros que se estrellan en los
ventanales
Qué haré con estas mañanas en que me gana la cobardía.

Pensar que uno está hecho de hierro y concreto
mientras un cristalino ovario se desgarra.

Si te mato,
me muero en una concertina de angustia.

Y pienso:
qué será del hierro y del concreto en el interior del
Edificio
si un cristalino ovario se quiebra junto a mi voz de
niña tonta.


Amor
Amor
sos un laberinto de espadas
un enigma de fuego que crece en la garganta
un vientre triste que mata a los amantes
antes de nacer
y es preciso que conserve esa visión
con sal de cocina
y ser la ira del fruto seco que se esparce en la tierra
y ser la muerte cuando nace un hijo
y ser la muralla donde él se apoye
y ser la hoguera donde lave su cuerpo
y ser todo
y ser nada.

martes, 17 de febrero de 2009

Del ladrido del sombrero a la escama del sol. Libro de Diana Espinal

Por Mario Roberto Morales (31-01-09 en 400 elefantes)
Atracción fatal por las palabras: puesta en abismo del sentimiento: explosión de un alma de mujer enamorada del mundo y de su dimensión poética. Así logro expresar el primer impacto que me causa leer este intenso libro de Diana Espinal, compuesto por aquellas relaciones insólitas que Huidobro aconsejaba crear para que el poeta se pareciera a los dioses.
Tejedora incansable de realidades verbales, vidente de las relaciones que casi nadie ve, cazadora de absurdos lógicos que contienen tesoros musicales, Diana se recorre a sí misma mediante un osado y valiente descenso a sus dolores y agonías, para luego ir ascendiendo a sus dichas y reivindicaciones de mujer que se basta así misma para crearse y recrearse en sus propias palabras, igual como lo haría una escultora de su propio espíritu, utilizando el material que mejor manejan sus implacables manos: el verso insólito, la relación imprevista, la creación de la realidad en el verbo y por el verbo mismo.
Con estos materiales vueltos dúctiles en sus manos, Diana funda una poesía que no por pretenderse válida en sí misma sucumbe a la gratuidad del formalismo vacuo ni a la torre de marfil, sino que escarba con decidida vocación redentora en las llagas más amargas y en las epifanías más luminosas que es capaz de sentir una mujer que por este camino se ha adueñado de sí misma y se ha responsabilizado de su existencia y de su destino. Y quien, por ello mismo, se ha construido como su propia persona: libre, sin dependencias ni ataduras, capaz de volar cabalgando en sus palabras desde sus inciertos inicios hasta sus gloriosos finales.
Ejemplo luminoso del ejercicio poético como indagación del propio espíritu y como arma de liberación personal, este libro de Diana Espinal reivindica al mismo tiempo la rotunda validez de la fuerza de la palabra en sí misma y la utilidad del verso (y del verbo) como instrumento imprescindible para alcanzar la liberación humana mediante el aniquilamiento de los propios fantasmas.
Dotada de un sentido envidiable de la posibilidad estética de las palabras y de la dimensión lírica de lo concreto, Diana Espinal se funda a sí misma con este libro como una de las poetas imprescindibles para comprender el drama y la lucha de una mujer en su camino hacia el develamiento de su propio sentido y la asunción de su propio destino.