viernes, 24 de septiembre de 2010

Alfonso Fajardo y la poesía del delirio

Por Raúl Henao
Especial para Prometeo
No se si el poeta Alfonso Fajardo está loco, o tras las rejas en un frenocomio de su país centroamericano. Y en este caso si ha puesto en practica lo que nos recomienda André Breton al respecto: Asesinar a sangre fría al primero de los médicos, enfermeros o guardianes que se atraviese en el camino para de ese modo, tener por lo menos el privilegio de ser internado de por vida en una celda privada y exclusiva, apartada de la atmósfera abyecta y policíaca que prevalece por lo general, en dichas instituciones de salud pública.
Pero a falta de que haya o no emprendido esa acción transgresora, sabemos que el poeta salvadoreño se ha cuidado previamente de consignar en los poemas reunidos con el título de LOS FUSIBLE FOSFORESCENTES, sus “palabras gemelas de las sombras”, “la luz animal de su locura” su “interpretación delirante y poética de la realidad”, haciendo caso omiso de los dictámenes que nos imponen la lógica y la razón, para conducirnos seguidamente al reino de la libertad absoluta que, a no dudarlo, constituye la fuente perenne del arte y la poesía de todos los tiempos.
Ese lenguaje de factura incendiaria y soberbia, lo emparenta con predecesores de la talla de Roque Dalton, Alfonso Quijadurías o Carlos Martínez Rivas, sin perder por otro lado un ápice de su originalidad de poeta urbano y citadino, impronta que caracteriza a muchos de los poetas rebeldes centroamericanos actuales.
Es cierto que el curso muchas veces tortuoso de la misma vida citadina con sus altas y bajas, vientos encontrados o caminos enrevesados. se encarga a menudo de desmentir a los poetas contestatarios, que por lo regular terminan convertidos en académicos adiposos, en funcionarios subordinados a los intereses de la clase política de sus respectivos países de origen… y en quienes desde luego, al final, sólo sobrevive la retórica vacía de la marginalidad y el malditísmo poético.
Pero por el momento es suficiente corroborar que Alfonso Fajardo se sitúa en esa línea negra” ya antes señalada por Henri Michaux cuando nos dice que “quien oculta su loco muere sin voz”, línea de quienes oponen su locura personal, intensamente pasional y amorosa, a la locura colectiva de los adoradores del becerro de oro moderno, centrada en el intercambio comercial “helado y egoísta”. Es por eso mismo que la poesía de Fajardo nos llama a vivir plenamente, aún en el dolor y la desesperación infernales: “hay una puerta al infierno y sólo yo tengo su llave” –nos dice en su poema Fuente Luminosa. Y más adelante: “los locos caminan de regreso al infierno” (Ensayo sobre la Locura)
Cabe en resumen, señalar su cercanía evidente al poeta francés de “Una temporada en el Infierno”, proximidad que no deja de aflorar en los más radicales e intransigentes poetas del pasado y presente siglo que, como él, buscan “cambiar la vida, transformar el mundo”… sin importar que dicha empresa prometéica o luciferina termine en un completo fracaso cotidiano:
“No renunciaréno renunciaré al salto al vacío al lápiz bruñido al fuego de la mente esquizofrénicaa la energía que transforma a la palabra nueva al fusible fosforescente del poemaal animal posible de la imagen” (El Animal Posible)

Medellín.3 de julio de 2010.
( Artículo tomado de la siguiente dirección:
http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Diario/01_08_10.html )

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