jueves, 11 de noviembre de 2010

A 17 AÑOS DE FUNDACIÓN DE TALEGA

Lejano en días, pero cerca en sensaciones, está el día en que se fundó el Taller Literario TALEGA (Taller de Letras Gavidia). Fue un trece de noviembre de mil novecientos noventa y tres que varios jóvenes entusiastas de las letras se reunieron en una habitación desvencijada a fundar, en ese momento, lo que después se ponderó como una revelación. El Salvador, muy propenso a la fundación de grupos o talleres literarios, vivía sus primeros años de post-guerra en un ambiente neblinoso en el que, la literatura en general y la poesía en particular, sufría una suerte de replanteamiento cuyo dilema principal era, precisamente, la forma y el fondo de la escritura en ese nuevo escenario generado por los Acuerdos de Paz. En efecto, después de varias décadas de poesía mayoritariamente de corte social, en el sentido más ideológico de la palabra, surgía una nueva realidad que golpeaba con su silencio estridente la forma de hacer y entender la poesía. No es que la historia poética de El Salvador sea única y exclusivamente de emergencia, pues hay muchos ejemplos de poetas que, alejados de estas temáticas, han sido y siguen siendo grandes poetas. Pero tampoco es gratuito señalar que la historia poética que pasa por los grupos y talleres literarios, enfatizaron su Ars Poetica en esa gran vertiente de la poesía, y ejemplos de lo anterior sobran: la Generación Comprometida, grupo Piedra y Siglo, Taller Literario Xibalbá, etc. Es en ese escenario que nace TALEGA: en la etapa histórica de plena post-guerra y en el dilema existencial de los caminos de la escritura. Coincidentemente, la poesía generada desde TALEGA en aquellos primeros años reflejaba esa dualidad única en la historia, pues por una parte se seguía con esa tradición de una poética inspirada en las luchas sociales, pero por el otro se empezaba a escribir una poesía un tanto alejada de los cánones de la emergencia y cercana a la experimentación de otras temáticas, lo cual se debía, en gran parte, a que el Taller estaba compuesto por personajes tan disímiles como antagónicos que –a su vez- generaban una poesía igualmente disímil y antagónica, y es que a lo mejor así debía ser en un grupo donde convergían ex -comandantes urbanos de la guerrilla, estudiantes de letras, abogados y bachilleres en ciernes. Así pues, la poesía de TALEGA se fue convirtiendo en la excepción de lo que posteriormente fue una regla: la diversidad de temáticas y formas poéticas en un período de postguerra donde, parafraseando al gran Kijadurías, lo único certero era, precisamente, la duda.
Los primeros años de existencia de TALEGA fueron ciertamente singulares pues pasamos enclaustrados estudiando, criticando, leyendo, en fin, “tallereando” nuestra propia obra, y en ese afán de pulir la escritura es que surgieron los primeros logros individuales de sus miembros, traducidos en premios nacionales que con el devenir del tiempo se hicieron internacionales, actividades, recitales, encuentros internacionales con poetas contemporáneos de Centroamérica, publicaciones, etc. La efervescencia de los primeros años poéticos usualmente se ve recompensado en fecundidad, en alimentación de utopías, en grandes empresas culturales, en experimentación de la forma y del fondo y, por qué no decirlo, en la participación de la bohemia como motor incesante de la imagen. La poesía de TALEGA, entonces, constituyó un verdadero crisol donde se fundieron las más variadas formas de comprender la poesía, desde una poesía silvestre, lírica, pasando por otra citadina, onírica, hasta llegar a la aproximación de las vanguardias.
Viéndolo en perspectiva, si me preguntaran qué es lo que ha heredado el Taller Literario TALEGA a la literatura nacional, sin vacilar diría que dos cosas puntuales: a) La promoción de varios poetas que aún siguen activos en el libre ejercicio de la poesía, con todo su cúmulo de publicaciones, premios internacionales y reconocimientos; y, b) La fundación de varios estilos poéticos dentro de un mismo grupo literario, algo que, hasta ese momento, era impensable dentro de las agrupaciones o talleres de la época. Es sobre este último punto que dedicaremos las últimas líneas de este elogio, pues más allá de los premios, de los libros, de las antologías, de los festivales, está lo que al final se le recuerda a un grupo literario, que es su capacidad de asombro en contra del más grande crítico literario: el tiempo. Así pues, más allá de los logros individuales de sus miembros, lo que TALEGA aportó, en su momento, fue esa distintividad inherente a cada poeta, a cada poem, y no es que los poetas que integraron TALEGA hayan inventado una forma determinada de hacer y de comprender la poesía, no. De sobra se sabe que todo está escrito y de todas las formas, y que no hay nada oculto bajo el sol. Pero lo cierto es que fue en el período de postguerra que, por primera vez, una agrupación literaria rompió los esquemas que se venían heredando de generación en generación, consistentes en el manatenimiento de los mismo códigos linguisticos, de las mismas imágenes y metáforas y de las mismas temáticas. La guerra fría, presente en toda Latinoamérica por medio de las luchas sociales contra las dictaduras, fue efectivamente el denominador común en la poesía de América Latina de los sesenta, setenta y ochenta, y El Salvador no escapaba a esa hermosa ola de poesía cercana a las gestas de los pueblos. Esa ola, ese denominador común, era lo que por inercia provocaba, precisamente, la igualdad de las formas y del fondo, lo que hacía que, en la práctica, no se distinguiera la poesía de un poeta con otro de su misma generación, algo que quizá llegó a tener su cenit en los ochenta.
Basta comparar, por ejemplo, un libro como “Habitante del Alba” de Pedro Valle, con el libro “Crepitaciones” de Eleazar Rivera, o este último con “Los Fusibles Fosforescentes” de quien escribe estas líneas, o este último con el poemario “Los Otros” de Edgar Iván Hernández”, o éste con el libro “La Jaula en el Pecho”, de Alex Canizales. Formas totalmente disímiles, antagónicas, contradictorias, equidistantes, en fin: formas diversas, diferentes y distintas de entender, comprender, absorber y asumir la poesía. Si en la naturaleza existe la biodiversidad, en TALEGA existió la poediversidad. Una diversidad que actualmente es el nuevo común denominador en la poesía joven, esto es, la libertad absoluta de los caballos salvajes de la palabra, una libertad bajo palabra, como dijo el poeta.
Así pues, el tiempo se ha encargado de brindarle a TALEGA una importancia destacada en cuanto a la ruptura de la linealidad poética de grupos y talleres literarios anteriores, y es que –como el buen vino- los frutos de TALEGA se vuelven mejores con el tiempo. Quedan los libros, los premios, las antologías, pero sobre todo quedan los poetas que aún consideran a la poesía como una forma de vida, que aún siguen escriviviendo, escribebiendo. Salud, pues, poetas!
Alfonso Fajardo

1 comentario:

Humberto Dib dijo...

Excelente blog, Eleazar, entré por casualidad pero me quedo como seguidor.
Te invito a visitar el mío si tienes ganas.
Un abrazo desde Argentina.
Humberto.

www.humbertodib.blogspot.com