miércoles, 26 de enero de 2011

¿Edgar Iván Hernández o el reflejo de la realidad cotidiana?

Heredero de una tradición literaria y veterano de los talleres literarios como Xibalbá, Patria Exacta y TALEGA; además, de ser conocedor de los recursos lingüísticos y de la técnica necesaria para trabajar el poema, Edgar Iván Hernández nos presenta una breve muestra de su amplio trabajo literario.

La poesía de Edgar Iván Hernández (1996, 1999) se caracteriza principalmente por utilizar el verso corto que se vuelve en ciertos casos un juego tipográfico y donde el poeta recurre a encabalgamientos para enlazar la idea poemática y empezar así su juego infinito, es decir su juego con la palabra.

Existe en la obra de este poeta una clara intención comunicativa y de ahí los temas que aborda; entre estos podemos mencionar: el amor, la muerte, la locura, la migración, el hecho poético o creación literaria, la ciudad o la urbanidad, la infancia, la guerra, la injusticia social, entre otros. Por lo tanto, no podemos hablar de una obra que surge por arte de magia o que no tenga nada que ver con la realidad en la que el autor estudiado se ha visto envuelto. Esta obra es reflejo precisamente de esa realidad y está íntimamente ligada a su vida. Veamos tres casos que demuestran lo que estoy afirmando:

En el poema Poemia[i] el autor habla del hecho poético enumerando una serie de adjetivos que caracteriza al poeta: Amigos / Altruistas / Amantes / Soñadores / de la mejor luna / Utópicos / Ambidiestros / Sádicos del primer sol / Incrédulos creyentes / de sí y de todos.

En el poema En la frontera[ii] el tema predominante es la migración: En el límite de cristales y filos / sus hijos identifican / el frío de la tierra violenta / y saben del estallido / que sorprende al corazón / bajo sombras inmensas / de edificios que terminan en mi nostalgia.

Y finalmente, ciudad del viejo niño[iii] es un poema donde el tema central es la urbanidad y la infancia: Junto a ellos soy el viejo / Niño / que no termina de crecer / que no termina de morir / Bajo sus sombras / amando sus raíces / soy cadáver ameno / que renueva su ayer / (…)

Desde el punto de vista formal Hernández se caracteriza por el verso corto, la numeración descriptiva, jugando intencionalmente con el poema largo y el epigrama. El ritmo predominante en la poética de Hernández es el sintáctico y además se vale del encabalgamiento como recurso poético. Lo anterior es característico de poetas que se valen del verso libre para tejer su obra; y así, Hernández, rompe con la métrica clásica al escribir poemas de una estrofa y que no tienen un número determinado de versos o al combinar diferentes tipos de versos en un mismo poema.

Finalmente, podemos concluir que Edgar Iván Hernández escribe una poesía caracterizada por el verso corto (de dos, tres, cuatro y cinco sílabas), la adjetivación como recurso poético y juega intencionalmente con el epigrama y el poema largo. Los ritmos predominantes en sus poemas son el ritmo sintáctico, el ritmo de pensamiento y de imágenes asociadas. Y los ejes temáticos abordados en su obra son la migración, la creación poética, la infancia y la urbanidad.

[i] Hernández, E. I. (1996). “Los Otros”. Colección Juegos Florales Santa Ana 1995, Dirección de Publicaciones e Impresos: San Salvador. Pág. 102
[ii] Hernández, E. I. (2002). Poema inédito.
[iii] Hernández, E. I. y otros (1999). “Juego Infinito”. Dirección de Publicaciones e Impresos: San Salvador. Pág. s.n.



domingo, 23 de enero de 2011

Poema de los regresos


Un jurado integrado por Silvia Elena Regalado, Miguel Huezo Mixco y José Roberto Cea después de valorar las obras presentadas al Certamen en Memoria de Jon Cortina, tuvo a bien otorgar el Primer Lugar a la obra presentada por el poeta Pedro Valle.

A continuación transcribo la obra ganadora:

A Jon Cortina

Sabes que siempre regreso
por los caminos de diciembre
para descubrir la música sencilla
de aquellos peregrinos
que un día volvieron
de las fronteras del tiempo

Erigieron una casa grande de amor
juntaron manos
y bajo todas las tormentas
encendieron el fuego de la vida

Nunca importó. el dolor
que entre golpes de ausencia
se traga. Mesa Grande
tampoco la cara sucia de la
infancia
que un día se desdibuja.
entre disparos de miedo
Era más grande la estrella
la luz los pasos
del horizonte cercano
con tu vuelo de pájaro llegaste
para posarte en ese .árbol
de infinitos ramajes

Del otro lado del mar
vino una canción rebelde
que también era sed
en los manantiales de la Patria

En el centro del asombro
naciste de nuevo
cuando la inesperada metralla
de la noche aciaga
sembró. rosas de sangre
en el jardín de la historia
En el centro del asombro
naciste de nuevo
cuando la inesperada metralla
de la noche aciaga
sembró. rosas de sangre
en el jardín de la historia

Guarjila era silvestre
en los caminos del corazón
generosa en las manos del
campesino
que sembr. milpas
en las colinas del viento

El tren del recuerdo
regresa
con una fotografía en blanco y negro
Jon es inocente no sabe
pero la guerra es mirar el dolor
en el rostro de sus padres
es dejar la casa los libros y la escuela
es olvidar la infancia
para huir desesperadamente
hacia la noche
de una frontera imaginada
como si todo se pudiera olvidar
cerrando los ojos
como si fuera posible
arrancarse del corazón todos los muertos

Entonces comprendiste
que no hay dolor más grande
que refugiarse en el recuerdo
de todo lo que se ama
Es morir un poco
en la incierta geografía
de un país sin nombre
en la distancia triste
de una raíz marchita
Sólo entonces
milagrosamente
los Serranos recobraron la vida
volvieron desde el río sagrado
con sus rostros de luz
para cultivar en las anchas aradas
el nuevo maíz de justicia y verdad
El puente que constru.ste
sigue poblado de pasos
desde tu piel hasta mi sangre
desde mi voz hasta tu presencia
por eso es in.til buscarte

Habitas por siempre
el anónimo lugar de los humildes
que abren las puertas del amor
para seguir escribiendo
el poema de la vida
en las páginas del tiempo

jueves, 13 de enero de 2011

Confortablemente Entumecido

Hay libros que los lees y libros que no, dentro de los primeros están aquellos de grandes poetas y escritores y los de los amigos; y dentro de los segundos están los que te regalan y los de malos poetas y escritores. Todos, sin embargo, comparten a veces el mismo lugar: un estante derruido por el óxido del tiempo, donde el polvo forma finas dunas de olvido. Todos, o casi todos, una vez leídos o despreciados, acaban en el estante, y son pocos los que pueden con el tiempo. No sé cómo, ni por qué, pero el libro “Alguien me ve llorar en un sueño” permanecía a la vista desde que ordené la librera, es decir, desde hacía unos cuatro años, mi desorden controlado y mi desdén nunca me permitió tomarlo y colocarlo en el lugar de sus colegas: en el lugar que guardan muchos de los entonces jóvenes poetas centroamericanos. Hay libros que los lees y libros que no, decía al principio, y el de Francisco se encuentra entre los primeros, por dos motivos: porque es de los amigos y porque es de los buenos. Sin embargo, el libro no permanecía a la vista porque fuera un libro de cabecera, no. Permanecía ahí por terco, porque se resistía, porque alguna fuerza extraña hacía que, entre documentos legales y poesía de muertos, recopilara un polvo que no era de olvido sino de complicidad y misticismo.
No recuerdo cuándo te conocí, Francisco, creo que fue en algún festival en el que bebí más de lo que leí, y desde ese entonces compartimos las primeras cervezas que, por un momento, hacen olvidar ese hediondo cáncer que es la soledad. Posteriormente visité Managua por dos motivos, uno de carácter laboral y, el más importante, por visitar a una muchacha que era como el agua: ¡qué manía la de los poetas de fundar amores lejanos! Para entonces yo ya empezaba a ser marginal por convicción propia. Me propusiste visitar a un gran poeta nicaragüense, muy laureado, y yo te dije que no, que su poesía no me movía ni me conmovía como lo sigue haciendo, por ejemplo, el gran Carlos Martínez Rivas. Preferí tu segunda propuesta, la de escuchar, junto a unos amigos tuyos, unas guitarras hermosas de unos hermanos franceses de cuyo nombre no recuerdo, en el Teatro Rubén Darío. No nos equivocamos, el sonido de esas guitarras, esa noche, pudieron más que los versos de cualquier poeta. Al anochecer nos encontramos con tus vecinos de edificio, bebimos hasta el amanecer y hablamos de todo, menos de poesía (ya lo habíamos hecho durante todo el día y era hora de desempalagarse), de ahí la dedicatoria de tu entonces primer y recién estrenado libro, que acabo de tomar del estante oxidado: “the wrong people with the right Ron” Pues no, Francisco, era “the right people with the right Ron”, eso lo aprendí posteriormente, cuando conscientemente empecé a sustraerme de los círculos literarios, más no de la poesía, por motivos profesionales pero, sobre todo, por ejercicio saludable, pues al final la poesía constituye un trabajo personal, solitario, silencioso, lejos de la fanfarria de los festivales, los congresos y los desencuentros. Esa madrugada me hospedaste en tu apartamento, ese que pensabas pagar con el premio internacional Ernesto Cardenal, y el día siguiente, con la resaca correspondiente, colocaste en tu PC, a la cual estaban conectados dos parlantes gigantes, ni más ni menos que Comfortably Numb, de Pink Floyd, esa canción que eriza el pelo y que seguramente fue construida pensando en Syd Barret. ¿Será Pink Floyd una constante en nuestra generación, poeta? No sé, pero algún poeta de nuestra generación ya me ha reclamado que cada vez que viene de visita a San Salvador, tengo a Pink Floyd en el estéreo del carro. ¿Será que nos sentimos atraídos hacia el lado oscuro de la luna? ¿Será que deseamos brillar como locos diamantes? Pues brillemos en la oscuridad, Francisco, vámonos a visitar a Alejandra Pizarnick, a Alfonsina Storni y a Sylvia Plath, yo te acompaño.
El tiempo, ese que se instala en los estantes para quedarse dormido, pasó como un gato negro y, como casi todos los amigos de carácter literario, perdí contacto con Francisco, de quien únicamente tenía noticias por medio de los constantes correos electrónicos donde se reflejaba su inagotable trabajo como gestor cultural. Francisco quería morir en un poema, y lo ha logrado. Ahora sé por qué “Alguien me ve llorar en un sueño” permanecía intacto, siempre a la vista en mi estante: porque tarde o temprano iba a brillar como un diamante, porque ahora habla cuando Francisco, y todos, estamos confortablemente entumecidos.

Alfonso Fajardo
(Poeta Salvadoreño)

sábado, 8 de enero de 2011

Trece líneas para vivir

Te quiero no por quien eres, sino por quien soy cuando estoy contigo.

Ninguna persona merece tus lagrimas, y quien se las merezca no te hará llorar.
Solo porque alguien no te ame como tu quieres, no significa que no te ame con todo su ser.

Un verdadero amigo es quien te toma de la mano y te toca el corazón.

La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.

Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa

Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para alguna persona tu eres el mundo

No pases el tiempo con alguien que no este dispuesto a pasarlo contigo

Quizá Dios quiera que conozcas mucha gente equivocada antes de que conozcas a la persona adecuada, para que cuando al fin la conozcas , sepas estar agradecido.

No llores porque ya se termino, sonríe porque sucedió.

Siempre habrá gente que te lastime, así que lo que tienes que hacer es seguir confiando y solo ser mas cuidadoso en quien confías dos veces

Conviértete en una mejor persona y asegúrate de saber quien eres antes de conocer a alguien más y esperar que esa persona sepa quien eres

No te esfuerces tanto, las mejores cosas suceden cuando menos te las esperas
Gabriel García Márquez

viernes, 7 de enero de 2011

La gente que me gusta

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido
Mario Benedetti

jueves, 6 de enero de 2011

Año nuevo, propósitos nuevos

Se me ocurre empezar a escribir un texto en el que teorice sobre diversos tópicos; sin embargo, seré breve y conciso.
Empieza el 2011 y esto deberá traer propósitos y metas que cada uno deberá alcanzar. No dudo que cda uno luchará por cada uno de esos objetivos. Particularmente ya tengo los míos y no soy tan ambicioso, espero ser feliz y eso me basatará.
saludos a todos donde quiera que se encuentren.